domingo, 20 de octubre de 2013

De la Acción Dramática hacia una Rítmica Cinematográfica

Dirigir un argumental es una decisión que determina un interés por crear una ficción desde las posibilidades que permite lo dramático cinematográfico. Una argumental trata de conflictos que acaecen por naturaleza en una escala humana, de aquí, la imperiosa necesidad del espectador de querer entender, desde la relación causa-efecto, por qué pasa lo que pasa. Los acontecimientos ficcionales se organizan en consecuencia de forma cercana a la vida misma, de tal suerte que sea perceptible desde un punto de vista emocional y entonces pueda el espectador identificarse con la acción desde su propia experiencia.

MACBETH -ROMAN POLANSKI- 
Imagen tomada de: fliker_la_escena_canal
El cine argumental se fundamenta pues, desde el paradigma de la acción dramática, donde dicho espectador tiene la posibilidad de implicarse con la ficción que establece unas coordenadas espacio-temporales particulares; se crea un universo que evolucionará principalmente por la acción que desarrollan los personajes a través de la historia. “La imagen cinematográfica es, pues, en esencia, la observación de los hechos de la vida, situado en el tiempo, organizados según las formas de la propia vida y según las leyes del tiempo de éstas.” (Tarkovski, 1991: 89)

Entonces, aquello que se elabora con la acción es una estructura dramática, es decir, un tiempo y un espacio en donde se instalan los personajes para desplegar la trama.

La acción dramática nos permite concatenar una experiencia del tiempo que es bastante compleja, equilibrio entre el tiempo de la ficción y el tiempo en la ficción. Por una parte dicha experiencia tiene una carácter ‘objetivo’, en donde ordenamos lo temporal como un transcurrir cronológico. Y por otra parte, conlleva un carácter ‘subjetivo’ en donde la sucesión de los segundos, horas, días, es fracturada por el tiempo de la emoción, de la memoria, de la percepción interior de los personajes y del espectador mismo. Nos encontramos en conformidad con aquello que: “Una imagen cinematográfica solo será <<realmente>> cinematográfica   -entre otras cosas- si se mantiene la condición imprescindible de que no solo viva en el tiempo, sino que también el tiempo viva en ella.” (Tarkovski, 1991: 89)

Una estructura dramática es entonces una manera particular de delimitar una experiencia del tiempo, donde el conflicto precipita la acción que va constituyendo una progresión de la trama, una reacción en cadena en una dirección específica, de inicio a fin. Dirección que será interrumpida por otras nociones de tiempo como el recuerdo, la añoranza, los sueños, la esperanza, que antes de fracturar la comprensión de dicha progresión dramática, la revitaliza al llenarla de sentido, al otorgarle un carácter humano. “El tiempo dramático es, en definitiva, diseñar las acciones de los personajes, determinar qué es lo que desencadena el conflicto y establecer cuándo y cómo se resuelve.” (Stranger, 2011: 11)

Es decir, es propicio crear una línea del tiempo en el cual se discriminen las acciones esenciales que sustentan la historia, buscando delimitar la estructura que sostendrá el devenir completo de la trama acto tras acto.

En esto reside la naturaleza particular del arte cinematográfico según sentencia Tarkovski, en Esculpir en el Tiempo. Dicho autor hace una analogía con la labor de un escultor que inquiere en el mármol los contornos de la futura escultura. De igual manera la acción es la herramienta para la dirección que permite apartar del enorme e informe complejo de los hechos vitales todo lo innecesario para conservar tan solo los elementos substanciales que constituirán la unidad de sentido de la obra fílmica.

La estructura dramática cinematográfica expone esencialmente acontecimientos humanos organizados según leyes del tiempo particulares. En dicha estructura fijamos solo aquello que es pertinente para la progresión de la historia que se quiere contar en la futura imagen en movimiento. Asumimos pues, una tarea de selección y de síntesis a través de la acción. Razón por la cual podemos pensar la acción como la ‘unidad de medida’ que permite una estructura de lo dramático, en el sentido de la secuencialidad y sucesión de acontecimientos que genera una progresión en la historia. Es decir, la acción dramática cinematográfica es delimitada tanto por la duración de las escenas como por la tensión de tiempo que transcurre al interior de éstas.
El ritmo lo consideramos entonces, una noción fundamental para la creación de un argumental en tanto permite una estructuración del presente continuo de la ficción son reñir con lo sensible y subjetivo de la vivencias humanas. Queremos pues entender la temporalidad dramática como cimiento fundamental  para la composición interna de la trama que hace que le carácter universal de la historia se comprenda como un todo particular significante.

El compás compete a la reflexión; el ritmo, a la intuición. Hay que saber instaurar el orden en la fantasía y la fantasía en el orden, haciendo de la métrica y la rítmica dos íntimos colaboradores. Incluso cómplices. (Bachmann, 1998: 117)
Si bien la rítmica de Dalcroze, propone el ritmo como un el principio de una educación por la música y para la música, hemos querido aquí abrir el espectro de reflexión sobre el particular. De suerte que podamos considerar dicho concepto como un fundamento ‘por la acción’; como metodología susceptible de ser aplicada a diversos proyecto audiovisuales, y ‘para la acción’, en la constitución de un proceder particular en la dirección de actores. No obstante ‘el ritmo’ no es un concepto exclusivo de la música. Es más, lo podemos pensar como el cincel con el cual se puede esculpir en el tiempo cinematográfico.

No es el ritmo una sucesión métrica de la partes de una película. El ritmo queda más bien constituido por la presión temporal dentro de los planos. El ritmo es el elemento decisivo –el que le otorga forma- en el cine. (Tarkovski, 1991: 145)
En consecuencia, la métrica de la trama se establece en la estructura dramática, en la determinación de la cadena de sucesos principales que se acompasan en cada acto. Y lo rítmico alude a lo intuitivo; a la ruptura de lo cíclico a través de la intensidad de la experiencia humana.

Entonces la rítmica abarca la métrica y la rebasa. Es decir, una estructura dramática sólo puede ser posible por los particulares modos de aprehensión experiencial de los ciclos naturales que ‘pulsan’ el curso o el advenimiento de los ‘hechos’. De tal suerte es posible pensar en una ‘rítmica dramática’ argumental cinematográfica como estrategia que equilibra lo reflexivo con lo intuitivo, en fin, que determina la estructura dramática a partir de la acción que acaece en el tiempo particular de la ficción. “En el cine, el tiempo se convierte en el fundamento de todos los fundamentos.” (Tarkovski, 1991: 145)

Para finalizar afirmamos que un director ideal, expone su particularidad creadora por medio de su sensibilidad rítmica de frente al tiempo. ‘Cincel’ que caracteriza su proceder artístico en el camino de sentar una posición estética de autoría cinematográfica. Entonces, una vez más coincidimos con Tarkovski: “En el cine, el ritmo surge orgánicamente, en correspondencia al sentimiento de la vida que tiene el propio director, en correspondencia a su <<búsqueda del tiempo>>.” (1991: 147)




Bibliografía

Bachmann, M. (1998) La Rítmica Jacques-Dalcroze –Una educación por la música y para la música-. Madrid: Ediciones Pirámide.
Stranger, I. (2011) Cuaderno de Dramaturgia. Ediciones Frontera Sur. Categoría Literatura/Teatro.
Tarkovski, A. (1991) Esculpir en el tiempo –Reflexiones sobre arte, la estética y la poética del cine-. Madrid: Ediciones Rialp. S. A.

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